Es que ahora pasa que me siento raramente cansada, o más bien aburrida, todo es un constante bombardeo de notas que se contradicen sin tener un orden claro, supongo que esto es para que no podamos pensar y de algún modo aclarar lo que queremos, elegir o asegurar una mejor garantía para nuestras vidas, asumida desde un punto personal y no vagamente común- como suelen vendernos las ideas-.
Pero, resulta que también basta caminar una noche por la ciudad, dejar que la madrugada llegue y los sorprenda a todos, en especial a los locos que se asoman por la ventana a vernos morir de la risa mientras hacemos una serie de predicciones marcianas traídas a este planeta de zombis disfrazados de mortales, ahora –creo ser yo la que se contradice- pues tal aburrimiento tiene la afortunada facultad de desaparecer y dejarme ver nuevas caras de una ciudad que me gusta descubrir cuando menos lo espero.
No puedo dejar de preguntarme de dónde salen esas letras que son capaces de ir calando de un modo casi prefecto en los instantes que recreo para mi alma, trato de verlo de reojo para que no me descubra pensando en esto, mientras nos reímos y charlamos entre banalidades y el aroma de unas calles húmedas y cerradas para las jóvenes almas que no pudieron perderse por ahí. Nos bastó entonces un bosque y el cansancio para darme una idea de la razón de sus melodías, - ¿o las mías?-…
Da mucho gusto poder encontrar en estos escenarios a personas tan cálidas y amigables, tan sonrientes y naturales, fluyen como la lluvia que cae tranquila, sin buscar borrarnos de la mancha de espacio que ocupamos, sin llegar a pretender siquiera que usemos de esas mascaras que ahora nos aíslan a todos y nos hacen sonreír de un falso modo ante un futuro de manos entrelazadas en cumbres de poderosos.
Gracias entonces por ese instante congelado en una eternidad de buenos recuerdos, de buenos porvenires y de buena música, sobre todo eso, música que se comparte y nace día a día, para hacerse clara noche tras noche entre la calma de una soledad que solo me pertenece después de la turbulencia de un día que me deja satisfecha y con pocas ganas de cerrar los ojos para no empezar a marcar de nuevo en el reloj la rutina.
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