martes 22 de septiembre de 2009

Implosión




Recuerdas acaso como las caricias de la sorpresa se deslizaban tiernas e insinuantes, mientras nuestras manos aprendían a escribir versos en el aire, palabras que se ahogan y aves de papel que se perdían entre las sombras de la noche sin horizontes.

Preguntas constantes, respuestas ausentes y días intrigantes se hacen dueños de nuestras almas, hay un devenir que no está claro, queremos, de verdad que lo intentamos, pero no logramos darle forma alguna, ninguna que sea consistente, ninguna que sea firme, ninguna que nos haga creer en la constante idea del tiempo, los sueños y las ausencias.

No se logra mucho al querer sacar de una lista aparentemente infinita, algún nombre, algún dato, alguna cifra capaz de remediar el vacío significativo de los días sin peso alguno. Enserio, dan ganas de dejarlo todo un poco al lado, de no mirar más y de rogar con todas las fuerzas que el tiempo pase tan rápido como sea posible.

Esperar mucho no es posible, desear tanto tampoco, supongo entonces que el remedio se encuentra en la posibilidad de surrealidades no tan macabras como las primeras que nos hacen percibir alientos de vida, o de dicha caducada en posibilidades del pasado. Mejor aterrizo, hago nuevas propuestas y dibujo con colores diferentes ese horizonte que tal vez tenga más cerca de mis manos, ese que solo recreo en la mente y que ahora mejor, aprendo a sentir en mi realidad.